Bronce - 2013

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CRÍTICA: BRONCE

14 de octubre de 2014 · Cine Divergente · por Manuel Quarante

Algo del orden de un duelo imposible de tramitar se nos presenta apenas comienza la película: Berta se para frente al sepulcro de su madre y, tierna, le habla: “Me puse la camisita que me regalaste”; la vitalidad de los muertos en todo su espesor. Niña y mujer –indistinguibles– desgarradas por la sustancia de la que estamos hechos.

¿De qué estamos hechos?

Bronce hace significar a partir de los procedimientos cinematográficos, trabaja ese lenguaje postergando la construcción de una historia, las imágenes, la luz, las sombras, los ruidos, los silencios, elementos determinantes a la hora de generar un sentido.

Por ejemplo las flores. En la camisa de ella, en la de su hermano Horacio, flores en la tumba, símbolo unánime de un apogeo cuyo final anunciado es marchitarse. Somos flores. Vida y muerte. O el rio, metáfora de que todo fluye, del paso inexorable del tiempo. Y a la vez, justo frente al río, Horacio diciendo:

“Está todo igual esto […] Dejaste todo como cuando éramos pendejos”.

Mis días, todos iguales,

no han debido, inesperadamente, ser divididos, y para siempre, por esa

herida. Aunque desde el lugar en donde estás –la madurez–

se sepa que alguna vez, una mañana, en el espejo

de todos los días ya no se es, oh cambios, el mismo.

Ya no se es el que se era ni el que se creía ser sino otro.

Los años han de parecer, desde donde estas, cicatrices,

y el tiempo un cuchillo.

Juan José Saer 

CRÍTICA: BRONCE

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